Escritores
Poetas de Mozambique
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Florindo Martins Mudender
Versos en
harapos
– sexta parte –
La
primera parte de este manuscrito está en el número dos de la colección POESÍA
del Sindicato Nacional de Escritores Españoles
La
segunda, en el número 18 de AIR
La
tercera, en el número 19 de AIR
La
cuarta, en el numero 20 de AIR
La
quinta, en el número 21 de AIR
Qué suave alegría casi congoja nace y desborda cuando ya
nada importa
Cuando
ya no me abrasa el hielo y no estorba ni
el hilo enredado del pensamiento que ha quedado a medias
Cuando
ya no importa la puerta que se abra y se cierra de golpe
Ni
las miradas de cansancio
Ni
los tonos variados del verde o del amarillo
o del azul y del blanco
Cuando
ya no importa el columpio ni la escalera sin pasamanos
Ni
el olor a canela ni la sombra del mirlo
Cuando
ya nada importa ni el enigma ni la solución del enigma
Ni
la intuición ni el espanto ni la clarividencia ni el presagio
Cuando
ya no importan las ideas desencajadas
Los pensamientos sin ilación ni propósito los pensamientos sin posibilidad
Ni
el rumbo y el planteamiento equivocados
Cuando
ya no importan las alucinaciones ni el gesto olvidado
Ni
la conversación varias veces interrumpida ni la conversación varias veces
concluida
Ni
el insidioso acecho del deseo insatisfecho
Cuando
ya no pesan la cosas añoradas
Ni
la espera casi eterna ni el tedio ni la vacuidad ni la simple existencia ni el pasmo ni la sordidez ni las ansias sin clara definición ni la sensación de estar aquí y de estar
allí ni la extraña sensación de no
estar o de no ser ni la desolación ni el presagio ni el anticipo de cualquier
cosa ni el recuerdo ni la
recta ni la parábola ni la elipsis ni la nada
ni el grito ni el fin del grito ni el susurro ni la acción ni la
inacción
Cuando
ya no importa el sueño ni la
vigilia ni la escarcha ni el polvo
ni el candor de la vela ni el
artilugio del gatillo o de la rueda
Cuando
ya no importan los lugares a los que sin saber ya no volveré
Cuando
ya no importa la palabra que contiene el nombre y la cosa que nombra
Cuando
ya no me atormenta ni el sol ni la flacidez del nudo que desato
Cuando
ya no importa el minucioso escrutinio de las cosas: las ausencias obligadas ni
la presencia inevitable
Cuando
ya no me importan las trampas difíciles de soslayar las cerraduras oxidadas las cosas inservibles las imágenes borrosas o vistas a través de un poliedro las marcas borrosas en las caras de la
moneda ni las mascaras
Cuando
ya no importa lo escéptico lo frívolo
el cataclismo los relojes de agua el terror
el abismo
Cuando
ya no importa lo acabado ni lo todavía
modificable ni lo que escribo y lo que tacho de lo escrito ni lo imposible ni el descanso el regocijo
ni la devoción ni el miedo el hundimiento la soberbia
el abandono ni y el desprecio ni
el sol en la frente
Cuando
ya no importan los cerrojos de bronce
ni el frescor de los patios ni el
instante que puede ser cualquier
instante en que estamos cerca tú y yo
ni la fervorosa evocación de ese instante ni la replica de un rostro en un espejo ni la mano que escribió este verso y que
puede ser la tuya
Cuando
ya no importan ni la sed ni la sórdida transparencia de un cuarto excesivamente
alumbrado ni el miedo ni la fuga
ni el exilio ni el
retroceso ni la locura ni la clara desnudez ni la muerte
Hay
el cuenco de la cicuta
Hay
el postrero sorbo del agua

Cuenco de la Edad de Bronce, encontrado en
1894
como parte de un ajuar funerario
Museo Arqueológico Nacional de España

La cicuta es una planta tóxica, mortal
para el hombre.
¡Cuidado, se parece al perejil y al
hinojo!
Pero se reconoce por el olor : huele muy
mal, a orina.