Poeta de hoy en Buenos Aires, Argentina
Lina Caffarello
A contraluz
Mientras la luz arrastre el polvo de los gritos,
vidrios, números, un río,
monedas…
Mientras alguien azuce a los amos del santuario
y ojos inocentes estrechen manos muertas,
buscaremos el fuego consagrado
que aleje a las máscaras tribales,
al gato entre la hierba.
Con los costados cosidos
y una estaca horadando las palabras,
como espectros al borde de lo humano,
recelosos del llamado de la flauta
ulularemos sin voz
a rastras del rugido,
hasta que los dioses se aburran del espanto.
Donde crecen las palabras
Yo conocí la tierra donde crecen las palabras:
brotan de raíces con contorno de otros dioses,
florecen con la madera,
se desgajan de las frutas.
Algunas rondan por los patios insulares,
escapan enredándose en las rejas
para no caer en la sombra antigua del aljibe,
tejen tules de sueños
que buscan rincones en los pliegues de la sierra.
Destino de ave, otras cruzan en bandadas:
no las palomas de petrificado vuelo,
no las golondrinas quemadas en la antorcha;
son pájaros de sol, ángeles al viento.
La noche las arranca de los parches,
iluminan resonancias
a golpe de ritmo y sangre.
Se agitan en cierta mirada milenaria,
estallan en la boca del heraldo,
y alborotan los lagos asombrados
para que la luna se atreva a capturarlas.
Yo ..., yo conocí la tierra, donde crecen las palabras.
“Aquí estamos los dos, isla secreta.
Nadie nos oye.
Entre los dos crepúsculos,
compartiremos en silencio
cosas queridas”
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