IN MEMORIAM
María Ortega de Guzmán

Poeta y madre de poetas
que siguen su rumbo,
ensanchando el camino.
Nos dejó el 23 de diciembre de 2003.
Su alma voló, siguiendo los ángeles azules
y misteriosos, evocados en el libro de Inés María Guzmán, una de sus hijas
poeta. ¿Subiría la escala de Jacob? ¿Llegaría arriba, al último peldaño, donde
debería encontrarse el Cielo? ¡Qué hermosa es la fe! ¡Qué hermoso y
gratificante es creer! Olvidarse de la vida dura pero querida que llevamos
sobre nuestro planeta Tierra, sobre la Tierra madre que no deja escapar ninguno
de los átomos de sus hijos, manteniéndolos amarrados amorosamente a su corazón.
Que los hace resurgir en diversas mezclas, diferentes formas, según las
condiciones del tiempo y de los seres: plantas, animales y hombres que viven y
se aman en el momento adecuado. ¿Podrían resurgir en el cuerpo de un recién
nacido, como nos lo cuentan los budistas? Todo es posible. Todo es misterio. De
una manera u de otra, todo resucita. La vida cambia pero sigue. Nuestra madre,
la Tierra, hace surgir vida de lo que se dejó por muerto. Todo nace, muere y
renace bajo la misma u otra forma. Todo tiene su ciclo de actividad y de reposo.
En el aire que respiramos, en la tierra que nos nutre, en alguna parte, en
muchas partes, queda algo de ti, María Ortega de Guzmán. ¡Ojalá! puedas vernos
con tu mirada trascendida! ¡Ojalá puedas sentir cómo tus hijos, tus muchos
hijos, te recuerdan! No te olvidan; tampoco te olvidan tus amigos: los que
conociste y los que te conocerán a través de las palabras, a través de tus
versos que emprenden el vuelo para viajar alrededor del mundo...
Allá Donde estés, te mando un fraternal y
espiritual abrazo.
Mariette
Tus queridas manos
Dame tus manos, que descanse en ellas
el peso de mis penas contenidas,
que tornen en dulzura mis querellas
y me muestren lo bello de la vida.
Tus manos son tan firmes y queridas
que destruyen mi miedo y mis temores
y en sus palmas reposan mis amores
igual si estoy despierta que dormida.
Son el timón de mi nave cansada,
la brújula que orienta mi vivir,
el refugio inefable en mi agonía…
Sin ellas yo me siento abandonada,
y entonces le doy rienda a mi sufrir
si no tengo tus manos en las mías.
María Ortega de Guzmán
Para Victor Manuel
Al nieto con faz angélica
le obsequio con estas páginas,
son de dimensiones trípticas
y de figuras fantásticas.
Abre los ojos y acércalas
y no desmayas mirándolas,
te parecerán de fábula
cuando te sorprendan rápidas.
Con una voluntad férrea
verás unas cosas mágicas
que te elevan el espíritu
y te recrean el ánima.
Lo agradecerás simpático
a esta abuela tan romántica,
que con un amor idílico
y besos en cada página
tiene el orgullo legítimo
de ser tu mejor fanática,
por ser un chico magnífico
y ser mi nieto ¡recáspita!
María Ortega de Guzmán
Málaga, 1997