Poeta de hoy en Buenos Aires, Argentina
Nélida Pessagno
Desordenando (sin computadora)
Tengo tanto que hacer en esta casa, que no hay tiempo posible.
Enderezar un corazón primero; dotarle brava jaula, llamarlo al orden y hacer de piedra sus latidos breves.
No puedo ser sutil, me encomiendan edificar pirámides, coronar hormigas, convertirme en reina, súbdito y soldado para mañana.
Tengo tanto que hacer en esta casa…
Contemplo mis dos manos, alelada; pequeñas herramientas; maravilla impotente ya rota de antemano.
¿Por dónde he de empezar si hay tanto que ordenar en esta casa?
¿Por dónde he de empezar si lo inmedible es causa que torna en infinito y además es mutable porque todo es eterno?
Y aunque el amor es nuestro, también lo es el dolor y el sufrimiento.
¿Cómo ordenar – me digo – si ésta, mi memoria, me da razones que ya no están en la razón del tiempo?
¿Cómo ordenar la imagen de un espejo si en esta cripta de cristal me pierdo y mi memoria es la distancia ignota entre el ser y la imagen que sin querer reflejo?
Me piden que la ordene, me piden que me yerga y que entregue hasta el polvo de mis huesos;
que revierta el pasado; que maneje el futuro como Merlín el mago y que oculte el viejo corazón en una cueva que aún el mar no ha tallado.
¿Cómo ordenar si mis manos “sabiondas” no obedecen al cerebral mandato?
Ayer, me aconsejaban la caricia y hoy, que tenga un coraje indeclinable para empuñar el látigo.
Quiero ordenar la casa y matar a la parte enajenada y matar para ello la parte de mi alma que recita poesía y que la escribe.
Pero la guerra es cara y destructiva y aún más cara la guerra de papeles que te deja sin voz y sin palabras.
Y los papeles luego… ¡al tacho de basura!
Me iré a cultivar rosas en los surcos del aire, con un pie en esta casa y otro buscando adónde.
¡Lo juro!... quise ordenar la casa.
¿Está mal? – les pregunto - ¿Está mal – les repito – que rompa los espejos y me calle;
que rompa los espejos y me vaya y que abandone… ¡todo!, reprimiendo las náuseas, borracha de amargura, poeta de la nada sin palabras?
Dibujo de Federico García Lorca, 1929
Cada carne, pedazo por pedazo, aceptaría fuera
suplantada por células distintas,
si de esa manera, dejara de ser yo para ser otra.
Tal vez así se vieran destrozados los recuerdos y voces
memoriosas que no me dejan ser ésta de ahora,
pedazos, nueva forma que muere y que revive en cada
gesto.
Un grupo celular, almacén de pasados, cruento
elaborar, constructor que destruye, asesino
hacedor de mi sustancia:
omnipotencia que dice que soy yo, ésta de ahora.
Esta materia viva, esta máquina que alza piras de
historia, paredes de presente, fortalezas pasadas.
¿Por qué ayer a la tarde no se pueden tener los veinte
años?
Sin mí ya todo el mundo era lo mismo que era,
sin mí seguirá siendo,
habrá caminos, habrá niños, habrá árboles y casas y
hojas recién nacidas.
Para mí es este ramo de células, esta exclusiva marcha
hacia la muerte, esta voz sin sentido e inconclusa,
que el día en que tendré que decirles, la nada
será ... mi palabra
¡Necesito otro ramo de células, realimentar la vida,
poder volcarme en esta catarata que siento
contenida,
ser otro nacimiento con gritos y con salvas.
¡Y un cataclismo de constelaciones
en mi sangre estrellada!
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