Poeta de hoy en Santiago de Cuba
Reynaldo García Blanco
Mi mujer nació en el año mil novecientos 63
justo cuando los carneros perdían su dinastía
y los toros iniciaban la pausa, la saliva, el abracadabra
que le nombra y persigue.
El año que nació mi mujer
fue el año de los golpes:
Yo me caía de una escalera sacerdotal
y me hicieron varias fotos con el brazo en ristre.
Yo nunca he podido
saber todas las fiebres, todos los labios de mi mujer.
He aquí que yo me asomo a sus mapas, al vientre
que fue terso y ahora está practicado por cinco
heridas cardinales, por no decir hermosas.
Mi mujer cruzó el Atlántico en avión
y en Managua fue una sombra recostada a los algodonales.
Yo me crucé con ella en esas aduanas de aire
y no sabía de sus esporádicas gripes
y esos dolores de luna menguante sometida a la soberbia.
Mi mujer se había acostado con otros hombres
que la llamaron despacio para que desayunara
que le compraron un perfume
la ultrajaron
le dedicaron poemas y hojas del bosque.
Yo, aunque parezca un lugar común
le traigo un girasol
perdono su desmemoria
su afición por los gatos
y celebro sus pechos sin otra metáfora
que la sal que le ronda y tocarlos en silencio.
Mi mujer pudo ser ajedrecista
pero entona su voz de contralto
y le ponen un maquillaje de solemne bruja.
Por entonces yo también cruzaba aduanas de aire
no había regalado girasoles
ni había intentado una pequeña biografía de mi mujer.
Langostas
Joseíto
Allá afuera hay una fila de langostas
no han venido de la Biblia
han llegado de Trinidad
de la playa deCasilda
y se quieren comer tus libros
las patas de la mesa
y preguntan por ti
ellas no saben nada de la vida
han llegado con estrellitas de sal
con caracoles azules
y ventosas
se arrastran por el piso
y dejan un rastro de arena
han llegado de Casilda
cantan una canción que nadie entiende
y se quieren comer tus libros.
Perejil con ellas
Joseíto.