Poeta de hoy en San Luis, Santiago de Cuba
Roberto H. Guía Barriel
Otra historia de Robin Hood
o de Guillermo Tell
Dentro de una botella arruinada por el alcohol
mi padre descubre el ET de sus instintos.
Desde entonces no conoce más frutas
que esos seres apacibles que le musiquean los extravíos.
Los llevaba siempre en la cabeza, siempre fiel
como la danza de un rumbo que barquean las olas.
Mi padre no era Guillermo Tell,
el pulso le temblaba, el alcohol le tiembla.
Desde que se disparó a la manzana
busca confundirse con las raíces,
confundirse con mis recuerdos.
Lo veo zarpar con la flecha recostada a la cabeza.
Los Robin Hood se interponen a la realidad
cada vez que hacen inflamables
y juegan a los disparos.
El Cuervo
No tengo el placer de conocerlo
o sí ... tal vez el cuervo juega con el antifaz
me observa lo sé
desde su escondite de plumajes silenciosos
y hace trenzas con su vestimenta y el color de mis ojos
Succiona el líquido en mi cara ... no puedo
no podré verlo como ríe burlón
Lo negro de su cabeza salta del mismo blanco
de la verdad y la hipocresía
Se muestra huérfano para mi ansiedad
tiene flechas en cada mirada
una lengua con filos lentísimos
para sacarme la garganta y los huesos
con ese vuelo que divide en dos el día
Hay que criar el corazón sin cuerpo
las espumas que huyen del mar
moldear los antojos
la furia escondida entre la pausa y última hora
piedras desterradas del camino
las manos lavadas río arriba
la pérdida y el encuentro
entrañas ... puertas ... alborotos
semidioses
Los crío
le doy tamaño ajeno
y cuando encuentran el rumbo
con qué ojos le digo adiós