Carmen Rosa González Quiala

Un chico encantador
(Para alguien secreto)
Si te dijera que no tengo
palabras para explicarte,
no lo creerías. Sólo sé
que pasaste sin querer, y mis
ojos acariciaron tu
sombra que se perdía lentamente
en la multitud, ajena a
las discretas miradas que me
llevaron a disfrutar de
aquel lunar, que parecía perla.
Era más que un encanto
divino y sólo pensaba en
quitarlo y guardarlo
conmigo, la ilusión parecía tonta,
y ante el encuentro
todavía imposible, me lo regalaste.
No bastaron las palabras
ante el desenfrenado deseo
de sonreírte, besar tus
labios, acariciar tu rostro. Todo
se tornaba inevitable,
hasta sentir tu voz suave, infantil,
que buscaba algo más que
el simple capricho de una
amistad, forzada por unas
manos atrevidas que intentan
describir más que un
gusto, el placer de hacerte mío, llenar
con dulce miel la piel
que me haría soñar al tocar. Porque,
amor, es eso lo que eres,
un simple pero encantador sueño.